¿Protege a qué de quien? Muchos opinaríamos que un corazón roto duele más que un golpe en la cara, que deja mayores secuelas una decepción que un robo. Sin embargo ¿Dónde está la ley para cuidar de nuestros sentimientos? Uno es libre de lastimar el alma del otro, pero su cuerpo es lo único imputable, su cuerpo y su propiedad. Lo mundano se abalanza sobre lo divino, el alma queda despojada de protección. La moral es ridícula y no se lleva bien con la ley, porque la moral existe y aún así su poder es nulo en el mundo concreto. Puedes culpar a quien te plazca, amorío, al amador, al viento, a las luces del norte, pero en el fondo sabrás que no existen culpas. Vinimos con la libertad de entregarnos, amar, y también de ser violentos con los corazones de los otros, y de esa libertad no hay restricción. La moral se puede pervertir y violar como nos plazca el deseo mismo, se puede hacer a un lado y olvidarse completamente, es inútil si se le quiere dar ese lugar.
¿Crimen? Oh amorío, si el mayor de todos es vivir con cada sueño clavado por la represión y aún así, ni ese existe.