domingo, 2 de octubre de 2016

¿Cómo te gusta el café?


Estoy pegada, adherida a tu vos, a tu parte más tangible, pero a medio coser con tu alma. Se me pegan los ojos de las lagañas, y el sueño, y las pesadillas esas horribles que tengo. Muevo los dedos con un esfuerzo que me llena de dolor todos los músculos, pero logro desenvolverme entre las manos invisibles, de los demonios, que me atan. Me alejo de vos, con esa inquietud nerviosa que cuando despierto me fulmina, me cansa. Te miro como si aún no creyera lo que pasa, sonrío aunque no me puedas ver. Soy feliz, tentada a besarte hasta que pasen las horas, pero lo evito por miedo a que te aleje de esa paz que te dan los sueños y que no me dan a mí. Te envidio en ese país de fantasía y paz, en donde no hay muerte ni dolor, en donde podes estar solo con tus ideas y tu genio. 
 Rodeados del desorden de personas ocupadas, me visto con algo tuyo, seguramente sucio. Paso entre los montones de cables y cosas tiradas, ignoro todo. La pava antes que el baño y las tazas antes que los dientes. Hacerte el desayuno es en parte amarte, es una miga más. Pero poder hacerlo con eficacia y éxito, requiere perfeccionamiento constante. Requiere un trabajo de investigación, un conocimiento y una voluntad.


El acto de interpretarte, querer entenderte, supone crearte desde cero como una proyección mía. Supone amar a un muñeco modelo que ejemplifica tu ser, una pequeña figura de arcilla con mis dedos marcados por todos lados. El vos que hay en mí vive condicionado, atravesado y delimitado por mi propia experiencia y mis sentimientos. Aún así, lo purifico cada día, con cuestionamientos y averiguaciones, con indagaciones, con opiniones. Lo perfecciono, lo modelo, lo visualizo. ¿Cómo te gusta el café? ¿Cómo te sentís hoy? ¿Cuánta sal le pones? ¡Cuánta sal le pones! ¿Y cuánta azúcar? ¡Y cuánta azúcar! Sos un mundo nuevo, que sale con el sol, que muta con la luna. Y vas a ir cambiando, y dándome la tarea de seguirte aprendiendo. Una tarea, un trabajo, una ciencia que nunca termina de formarse. Una figura imposible de llegar a estar acabada, pero por eso hermosa y compleja. Un trabajo de por vida, en el que nunca debo flaquear, en el que nunca debo parar. 


Nunca terminarte no me desalienta, me hace feliz, porque sos tanto que sos in-abarcable. Sos tanto, que in-simplificable, in-copiable, in-acabable. Y de igual magnificencia, complejidad y contraste, es el amor que surge con el sol, la luna, los desayunos, las preguntas. Vos y yo: La verdadera obra perfecta.