Gigante
Sos gigante
Amo ese adjetivo, lo usas como nadie
Sos gigante
Esa mesa es gigante
Y sobre ella las manos
Y una cuerda más larga que la loca
¿Sabes cuántas palabras le dije a una flor?
Estaba encimada sobre la pila de tizas
Cada una se fue partiendo sobre la otra
Me cubrí la cabeza con un paraguas
Todo para no tener miedo
Igualmente me alcanzó el sol
Llovía antes de que pudiese verte
Y me mojé antes de que pudieses irte
Hubo muchos adiós que no dije
Candados que no pude comprarles
Y mucha soledad que no me di
Pero
Mi gigante
Esos pies son muy grandes
Esas piernas son tan largas
Esos dedos tan exactos
Y ese olor tan adictivo
Que en la sola palabra te siento
Entre las paredes y los sueños
Entre el centímetro y el metro
Entre el enojo y el silencio.
Roena
jueves, 1 de junio de 2017
jueves, 26 de enero de 2017
22 Bullets
Si vieses mi velero que por la arena baila, si vieses la lluvia que por mí desborda, si vieses la vida en su más extraño instante, entenderías mi corazón de venado moribundo. No es fortuito el designio, muchas veces, el azar es una trampa mortal. No es fortuito el baile del pescador para los peces, ni la danza de la lluvia para las hormigas, ni los cumpleaños para la juventud. No es fortuito el amor para el no correspondido, ni la infidelidad para el engañado. La vida es un punto de vista, oh mi dulce amorío. No culpes al amador, culpa a quien amas, culpa al cielo, culpa a Dios, a tus designios. Culpa al viento e igual la culpa no será más que una idea absurda ¿Culpas? No hay, el crimen es una invención que responde a leyes igual de arbitrarías, una idea protegida por siglos por las costumbres. El hombre y el crimen tienen una relación tóxica y viven en negación. No me explico cómo se lo toman en serio, si es relativo su valor depende de donde se paren tus pies de ingenuo.
¿Protege a qué de quien? Muchos opinaríamos que un corazón roto duele más que un golpe en la cara, que deja mayores secuelas una decepción que un robo. Sin embargo ¿Dónde está la ley para cuidar de nuestros sentimientos? Uno es libre de lastimar el alma del otro, pero su cuerpo es lo único imputable, su cuerpo y su propiedad. Lo mundano se abalanza sobre lo divino, el alma queda despojada de protección. La moral es ridícula y no se lleva bien con la ley, porque la moral existe y aún así su poder es nulo en el mundo concreto. Puedes culpar a quien te plazca, amorío, al amador, al viento, a las luces del norte, pero en el fondo sabrás que no existen culpas. Vinimos con la libertad de entregarnos, amar, y también de ser violentos con los corazones de los otros, y de esa libertad no hay restricción. La moral se puede pervertir y violar como nos plazca el deseo mismo, se puede hacer a un lado y olvidarse completamente, es inútil si se le quiere dar ese lugar.
¿Crimen? Oh amorío, si el mayor de todos es vivir con cada sueño clavado por la represión y aún así, ni ese existe.
martes, 15 de noviembre de 2016
Respuesta a la pregunta filosófica de ¿En qué creer cuando todo es relativo cambiante y efímero? Duda que estrella nuestros corazones y nuestras almas con la realidad, que nos hace dudar de qué camino tomar, de qué elección hacer. Duda que, siendo respondida, puede aliviarnos la conciencia y dejarnos verdaderamente vivir.
De mi amor por vos no dudo.
O es un mundo que es dos.
Hoy es un día, o son dos.
En el fondo han pasado las semanas de la vida,
En el tiempo muerto,
Nuestros corazones se dividieron.
A veces somos orgánicos
Otras, somos divergencias
En mí yace la enfermedad que te repele
Y en ti yace la miel que me empalaga
Como mariposas negras de belleza extraña
Nadamos y volamos por un universo de festejos
Globos y piñatas decoran la música sobre la carne
Caídos y victoriosos bailan desde la vida y desde la muerte
Lunas y soles salen a la misma hora
Y las estrellas se caen, mientras nos hablan las flores
Y en un mundo de contraste infinito
Sufro de hambre mientras tú sufres de aburrido conformismo
martes, 8 de noviembre de 2016
Ro I
Algún día lo vas a comprender
Algún día lo vas a entender
Ro
Ro era na
Rogía con furia sobre la vida
Romance en sus dedos
Rozaba con benevolencia
Rominaba lo oscuro
Y con su Rosencia te miraba
Ro, te ama en la vida y en el alma
¿No Ro sabes? ¿Saber?
Si no eres sabio ¿Cómo saber?
Algún día lo vas a entender
Ro
Ro era na
Rogía con furia sobre la vida
Romance en sus dedos
Rozaba con benevolencia
Rominaba lo oscuro
Y con su Rosencia te miraba
Ro, te ama en la vida y en el alma
¿No Ro sabes? ¿Saber?
Si no eres sabio ¿Cómo saber?
domingo, 2 de octubre de 2016
¿Cómo te gusta el café?
Estoy pegada, adherida a tu vos, a tu parte más tangible, pero a medio coser con tu alma. Se me pegan los ojos de las lagañas, y el sueño, y las pesadillas esas horribles que tengo. Muevo los dedos con un esfuerzo que me llena de dolor todos los músculos, pero logro desenvolverme entre las manos invisibles, de los demonios, que me atan. Me alejo de vos, con esa inquietud nerviosa que cuando despierto me fulmina, me cansa. Te miro como si aún no creyera lo que pasa, sonrío aunque no me puedas ver. Soy feliz, tentada a besarte hasta que pasen las horas, pero lo evito por miedo a que te aleje de esa paz que te dan los sueños y que no me dan a mí. Te envidio en ese país de fantasía y paz, en donde no hay muerte ni dolor, en donde podes estar solo con tus ideas y tu genio.
Rodeados del desorden de personas ocupadas, me visto con algo tuyo, seguramente sucio. Paso entre los montones de cables y cosas tiradas, ignoro todo. La pava antes que el baño y las tazas antes que los dientes. Hacerte el desayuno es en parte amarte, es una miga más. Pero poder hacerlo con eficacia y éxito, requiere perfeccionamiento constante. Requiere un trabajo de investigación, un conocimiento y una voluntad.
El acto de interpretarte, querer entenderte, supone crearte desde cero como una proyección mía. Supone amar a un muñeco modelo que ejemplifica tu ser, una pequeña figura de arcilla con mis dedos marcados por todos lados. El vos que hay en mí vive condicionado, atravesado y delimitado por mi propia experiencia y mis sentimientos. Aún así, lo purifico cada día, con cuestionamientos y averiguaciones, con indagaciones, con opiniones. Lo perfecciono, lo modelo, lo visualizo. ¿Cómo te gusta el café? ¿Cómo te sentís hoy? ¿Cuánta sal le pones? ¡Cuánta sal le pones! ¿Y cuánta azúcar? ¡Y cuánta azúcar! Sos un mundo nuevo, que sale con el sol, que muta con la luna. Y vas a ir cambiando, y dándome la tarea de seguirte aprendiendo. Una tarea, un trabajo, una ciencia que nunca termina de formarse. Una figura imposible de llegar a estar acabada, pero por eso hermosa y compleja. Un trabajo de por vida, en el que nunca debo flaquear, en el que nunca debo parar.
Nunca terminarte no me desalienta, me hace feliz, porque sos tanto que sos in-abarcable. Sos tanto, que in-simplificable, in-copiable, in-acabable. Y de igual magnificencia, complejidad y contraste, es el amor que surge con el sol, la luna, los desayunos, las preguntas. Vos y yo: La verdadera obra perfecta.
viernes, 9 de septiembre de 2016
Adelina II
Se vendían perros al mejor postor, y ninguno era de raza, no había precio fijo: cobraban según la cara. Antes de morir, Adelina había comprado uno, cuando todavía vivía con el viejo que le daba esos zapatos caros. El tipo de los perros se lo cobró un dineral, ella pagó con billetes de cien y quedó como aquella reina que no era. Vestía un tapado imitación de leopardo, que parecía ser realmente piel muerta. Era grande y peludo, le llegaba hasta las rodillas, le cubría todo su diminuto cuerpo. Debajo, llevaba solo ropa interior negra.
Ese barrio, que apestaba a carne podrida y ratas muertas, había sido suyo y de vez en cuando lo visitaba. Los pasillos, la casa vieja, la panadería del japonés y la negra, la lavanderia de la de los rulos. Se sentaba en un banco viejo de la plaza y dejaba algunas monedas en la fuente. Con los lentes de sol que tapaban sus ojos al mundo, Adelina pensaba que ya estaba por encima de todos ellos.
Después de tener al perro, vio a su hermano un rato, contándole sobre el puto que ya no era puto. Alejandro no estaba muy contento con como habían terminado las cosas, como se habían separado luego de que el puto ya no lo quisiese. Adelina se sentía hermosa y atribuía el cambio del puto a ello. La conversación no terminó en buenos términos, se abrazaron y no se despidieron.
En las calles Adelina era como un ente, de labios carmesí y pelo rubio brillante. Sus piernas largas deambulaban por las zonas más problemáticas e inquietantes.
Llegó a la casa del puto, se quitó el tapado en medio del hall y lo dejó caer en el piso de mármol. Así como estaba, podría ser una famosa artista o una prostituta del barrio viejo.
Apareció el puto y la tomó en sus brazos, a la joven Adelina. Veinte años, fresca y activa. Fueron al cuarto, y no salieron hasta el otro día.
Esto fue antes de que muriese Adelina, porque luego, el puto se decidió por Alejandro. Con el tiempo pensó en que Adelina fue la excepción, fue la mujer que le quitó el aliento un rato, pero que no eran los suyo, las mujeres. Alejandro era otra cosa, era lo que le gustaba más. Medio lamentoso estaba Alejandro, con todo el tema de la muerte de su hermana, de su cambio de vida. Pero él era un joven delicado y educado, merecía a Eduardo más que ella. Siempre la retobada, la original, la rebelde. Adelina, la flor podrida de una sociedad doliente.
Ese barrio, que apestaba a carne podrida y ratas muertas, había sido suyo y de vez en cuando lo visitaba. Los pasillos, la casa vieja, la panadería del japonés y la negra, la lavanderia de la de los rulos. Se sentaba en un banco viejo de la plaza y dejaba algunas monedas en la fuente. Con los lentes de sol que tapaban sus ojos al mundo, Adelina pensaba que ya estaba por encima de todos ellos.
Después de tener al perro, vio a su hermano un rato, contándole sobre el puto que ya no era puto. Alejandro no estaba muy contento con como habían terminado las cosas, como se habían separado luego de que el puto ya no lo quisiese. Adelina se sentía hermosa y atribuía el cambio del puto a ello. La conversación no terminó en buenos términos, se abrazaron y no se despidieron.
En las calles Adelina era como un ente, de labios carmesí y pelo rubio brillante. Sus piernas largas deambulaban por las zonas más problemáticas e inquietantes.
Llegó a la casa del puto, se quitó el tapado en medio del hall y lo dejó caer en el piso de mármol. Así como estaba, podría ser una famosa artista o una prostituta del barrio viejo.
Apareció el puto y la tomó en sus brazos, a la joven Adelina. Veinte años, fresca y activa. Fueron al cuarto, y no salieron hasta el otro día.
Esto fue antes de que muriese Adelina, porque luego, el puto se decidió por Alejandro. Con el tiempo pensó en que Adelina fue la excepción, fue la mujer que le quitó el aliento un rato, pero que no eran los suyo, las mujeres. Alejandro era otra cosa, era lo que le gustaba más. Medio lamentoso estaba Alejandro, con todo el tema de la muerte de su hermana, de su cambio de vida. Pero él era un joven delicado y educado, merecía a Eduardo más que ella. Siempre la retobada, la original, la rebelde. Adelina, la flor podrida de una sociedad doliente.
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