Me hace bien el amor ¿Bien? Me hace bien. Huelo a su
ternura, aún, casi siete de la tarde. Me duelen los músculos que sostienen mi
pilar y gritan que descanse, que por favor, me retire de la acción. Pero cuando
puedo ataco, se me caen lágrimas por la boca. Cuando puedo entrego todo lo que
puedo, lo lleno de poder. Él me sostiene entre las nubes, y me
balancea hacia el paraíso. Un mundo en donde todo pasa en voz baja, y las risas resuenan hasta las estrellas. Siento, en mí, mi propio sostén. Y es él, o no es
por él. Me hace bien el amor, en el fondo y en el borde, me hace bien. Me hace
sentir que por esos instantes mi mundo soy yo, y que importo yo. Tengo un valor
incalculable cuando soy dos personas, porque él es una extensión infinita de
posibilidades que se suman a mis ya infinitas variantes. Expandimos el
infinito, hacia lo imposible y nos convertimos en una historia, que es en el
fondo dos. Unidas nuestras vidas son tal como un baile, resonando en el suelo
los zapatos que se unen e intercambian lugares. Pisan el mismo suelo, se
entrelazan, como nuestros cuerpos.
Me hace bien el amor y no me siento tonta. ¿Soledad? No la
quiero. Dicen que hay que aprender a estar solo, yo digo que hay que aprender a
cuidar la compañía. No quiero soledad cuando su simple roce me mueve el alma,
si cuando su palma se junta con la mía me late la vida y es solo ahí cuando
siento que hay libertad. Elegirlo fue como elegir entre la luz y la agonía,
entre la libertad y el calvario. Atada a tormentos vivo y vivía, pero
ahora tengo amor. Me hace bien el amor, me hace bien. No lo entiendan y si
no quieren no lo compartan, porque es a mí a quien me salva y es a él a quien
escucho. En las sombras no hay más susurros que los dulces de sus labios, y en
la luz rojiza veo su rostro perfecto.
Donde nuestras almas se tocan y se vuelven tangibles, no hay
extremos. Vivimos en círculos y no podemos alejarnos, y me hace bien. Enredada
me hace bien el amor. Juntos me hace bien la vida.
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