Pasé por un campo que me resultaba familiar, atrás de una estación de tren. No solía pasar por ahí, pero me trajo una horrible sensación que supe de dónde venía a los pocos segundos. Recorríamos como niñas tontas esos pastos, pensando que hacíamos bien, para recibir adulta aprobación con fervor. Juntando cajas de vino vacías, que nos mandaban a agarrar, mirando si tenían un cupón. Si se tenían tres, podía reclamar aquella mujer una caja gratis. Agarrábamos las cajas vacías, una tras otra, buscando el susodicho cupón, como si fuese un juego. Entre nosotras lo era, una misión para la mujer. No sabíamos su nombre, o al menos no recuerdo que lo sepamos. No la conocíamos ni ella a nosotras. Pasábamos ahí largos ratos hasta que se apagaba el sol. Luego íbamos a esa pensión horrible, en donde no queríamos estar. Habíamos dormido ahí varias veces, lo odiábamos. No nos dejaban elegir qué ver en la tele ni qué comer. Hablaban mal y no estábamos acostumbradas a sus modales ni forma de vivir. Pero eso no era lo peor, porque a veces ni nos quedábamos en la casa de esa mujer, si no en lo de una vecina, que conocíamos menos que menos. Tenía cable en la tele y por eso preferíamos ahí, pero éramos tontas. Éramos tan tontas, que jugábamos con un hombre de manos grandes, a mí no me gustaba. Yo me trataba de alejar, pero ella era más chica. Las cosquillas eran mentiras, y me tomó tiempo darme cuenta de que lo eran. Pero ahí nos dejaban horas y horas, porque éramos molestas para lo que querían hacer en nuestra casa. Cuándo nos pasaban a buscar, estábamos alegres y contentas, pero éramos tan tontas. Éramos dos niñas en una realidad horrible. Solas entre extraños.
El camino a casa estaba plagado de carteles de heladerías, los mirábamos porque tenían muchas luces, sabiendo que jamás podríamos comer helado. Nos reíamos entre nosotras, porque en el fondo queríamos creer que éramos felices. Pero odiábamos todo eso, estábamos solas.
Me gustaría pensar que ya no tengo que volver a esa realidad, aunque sigo en la misma senda. Igual de sola estoy e igual de seca. Pero al menos hoy en día, sé diferenciar entre cosquillas y mentiras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario