miércoles, 24 de agosto de 2016

Comentarios no ficcionales I

Tenían formitas de animales y quizás por ello es que los adultos pensaban que nos gustarían. No recuerdo la marca pero su espantoso sabor no se me borrará jamás. Esas galletitas son las que lograron que me diera cuenta de que no todas son ricas. No solo eran feas, si no que venían con unos huevos que eran aún peor. Sabían a arena y eso es ser bondadosa. Pero siempre había de esas todos los días. Porque en nuestra infancia, comíamos arena. Nadie tomaba en cuenta nuestra opinión y nos metían arena en la boca para callarnos. Pensábamos que era lo normal, porque no conocíamos algo mejor. Odiábamos las galletitas, los huevos, la arena. Odiábamos y qué fuerte esa palabra. Pero es que en nuestro mundo, todo nos llenaba de la misma impotencia. Qué difícil ser nosotras, cuando vivimos lo que nadie debería vivir a esa edad. Como esas galletitas, todo era igual de repugnante.

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