Quería que me hable, pero en realidad no quería. No porque no quería hablar con él, sino porque no me iba a decir lo que quería que me dijera. Ese es un problema que no tenía más ganas de sortear, obviar, ignorar. Los días se me pasan como cortados por tijeras, y él no me estaría dando la boligoma que pega mi papel. Me estaría dando miel para mi limón y qué bien que queda esa mezcla, pero mi limón es un limón que no deja de ser limón aunque dulce sea la miel. Amar es complicado cuando no tenés tiempo para eso, pensar en lo que querés del amor es peor cuando estás pensando en el hambre que tenés hoy. La vida que tengo es bastante falsa y a veces eso hace que no la quiera más. La que te quiere en realidad no existe, porque vive en una vida que no es cierta. La que existe te quiere, pero suele pensar que no puede contar con vos porque la haces pensar en cosas que no quiere, que no tiene tiempo, que antes no le preocupaban, que no le caben, que no le tientan, que no le interesan. Pero te quiere porque piensa que quizás puedas ser todo lo que necesita cuando ya no necesite tantas cosas. Pero tarda el tiempo en cambiar la realidad que él no puede.
Quería que me hable, pero no lo hacía. Tenía cosas más importantes que hacer, porque la luna estaba lejos. Quería que vuelva, pero el cielo se interponía, las estrellas eran tantas que ni una foto de todas me pudo mandar. Quería que bailemos, pero no había música. Y él no estaba, algo que me dificultaba todo un poco más. Pero acostada en la cama, pidiendo que me hable, pensaba en que en el vacío todos somos mudos, porque no hay nadie que nos pueda escuchar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario