sábado, 30 de julio de 2016

Resaca lunar.

Por algún motivo desperté en otro planeta. No entendía cómo había ido, o a qué, pero ahí estaba. Desperté en una casa de puertas en forma de rombo, con los bordes más verdes que vi en mi vida. Paredes tan blancas como dientes de estrella de cine, excepto por los que no tienen blancos los dientes, quizás porque tienen un mal asistente de imagen o son vagos, o no les parece importante, o no tienen dientes directamete. Las alfombras era peludas y moradas, suaves, tan suaves que me acosté en una y me quedé ahí un rato. Todo tenía un agradable perfume.
¿Qué había hecho la noche anterior? No recordaba mucho. Había ido a una fiesta, por eso es que me había gastado tanta plata en ese vestido rojo que parecía hecho de goma. Tenía zapatos incómodos, y me dolían los pies así que, me acuerdo bien, que decidí sentarme y tomar algo. Después de los primeros setenta tragos se me empieza a hacer todo borroso, no sé qué pasó después. Sé que habré seguido tomando y que me dieron pastillitas de colores, pero no se me ocurre qué pudo haber causado tal amnesia. Quizás fue magia negra o la música era demoníaca, pero era un misterio.
Con una resaca multiversal, me levanté y caminé hasta la entrada de la casa. Ahí me encontré con un aliénigena dandy, con bata roja y una pipa de la que salían burbujas negras.  Charlamos y me contó que nos habíamos conocido en un bar de ese planeta así que no tenía idea como había llegado hasta ahí. Me hizo una merienda, porque era ya tarde. Un asco todo, pésimo cocinero, pero yo soy educada así que me tragué hasta el último bocado.
Estaba sola en ese planeta de siete lunas y veinte soles. Hacía calor, la gente era rara y más rara era yo, que no era de ahí. Pero lo que me preocupaba era que había dejado a mi mejor amiga en esa fiesta y no sabía qué había pasado después. Fui al bar en donde me encontré con el dandy la noche anterior y me dijeron que había ido ahí sola y no sabían de donde. Estaba frustrada, cansada y además me dolía un oído. Caminé hasta el aeropuerto interplanetario y me dijeron que necesitaba pasaporte. Nunca me hice pero...¡tenía uno en la cartera! Mi curiosidad por saber sobre la noche anterior aumentaba. Me cobraron una fortuna por ir a la Tierra, y encima con escala en Júpiter, cambio de nave, clase turista y pésimo servicio. Pero, al subir me encontré con la tonta de Lorena, mi amiga, la desaparecida. Ahí estaba, con un jupíteriano. Me dijo que se enamoró y se iba a quedar en júpiter. Como en los cuentos, enamorada en un día. Me reí como pude, con todas las ganas y fuerzas. Pobre, la va a pasar mal despertando de sus fantasías. Hay que vivir en el mundo real y dejarse de tanta tontería absurda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario