Mi Celestia me mira con recelo: ya no se quiere mudar más. Las cosas por las que pasa la estresan y ya está meditando si hizo bien en venirse conmigo. Quizás debió quedarse con su dueña, o con quien la cuidó mientras no estuve. Estaba bien, eso piensa. Tenía una mesita de madera, limpieza todas las semanas, estaba bien acomodada y tranquila. El sol la iluminaba por la persiana todos los días, le cantaban. Nada la despeinaba. Ahora viaja de acá para allá, que la meten, que la sacan. La ubican y re-ubican. Sufre la humedad, sufre el frío. Sabe que sufrirá el calor. A veces siente la suciedad bajo sus cascos marca Hasbro. Quizás debió quedarse, quizás debió dejarme. No soy lo mejor para ella, ni para su crin. Quizás debió olvidarme.
Quizás todos debemos quedarnos en donde estamos bien. Pero no siempre queremos eso. Lo que nos conviene no suele serlo. Lo que nos conviene, suele ser el camino aburrido.
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