Soy un octágono negro
No, soy una sumisa sombra
La sombra fundida con mi cuerpo
Que un día, no muy lejano a este, fue un paragüas
Que sobre mí se balanceaba
Cubriéndome de las santas lágrimas
Que desde las negras evaporadas
Me llenaban de impotencia
Sumisos somos ante la magnificencia
Y solo podemos quedar mojados
Indefensos ante su fuerza
O cubrirnos de octágonos.
Y negras sombras somos
De lo que nosostros pensamos
No hay comentarios:
Publicar un comentario