Me preguntaba por qué te amaba y cuando encontré más motivos para no amarte miré la lluvia. ¿No es mágica? El sentido en el que la lluvia cae y luego vuelve al cielo, no es algo fácil de comprender, o sí. Pero siempre trato de imaginar como podría entenderlo si no me lo hubieran explicado, sola en el campo, mirando el cielo llorar, preguntándome tantas cosas. Las cosas existen porque las creemos.
Me preguntaba si el suicidio significa infierno, supongo que son esas dudas que uno se lleva a la tumba, a menos que uno se suicide y entonces lo sepa.
Me sentía desorientada mirando las estrellas, soy tan pequeña, como un microbio. Chiquita.
En días como estos, de tanta tristeza, siento que mi alma ya no se siente cómoda rodeada de tanta carne. Quiero salir, no más.
No siento muchos deseos de que las cosas cambien, solo que se detengan. Busco la libertad de bailar entre las gotas de lluvia, compartir esa magia que no entiendo bien, quizás entenderla. Quiero sentir a las estrellas más cerca, en mis dedos como mis iguales. Si soy una estrella, un ángel, un alma desamparada entre espíritus violentos, expuesta a la mortalidad. Quiero viajar largas distancias, entender el amor sin que intervenga la piel, poder entrar por tu ventana, verte dormir y saber que lo que siento no es amor.
Las cosas existen porque las creemos.
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