martes, 30 de junio de 2015

Tierra

Sacamos las rosas del jardín, la lluvia mata. Azules eran, azules somos. Hoy fue un día divertido, porque entendí que existe la pasión en los hombres y no siempre gana la ambición. Sentí deseos de abrazar a un desconocido. Trasmitir energías positivas gasta, cansa y duele como correr cien años. Mis ojos se pudren en tu retorno, como peces muertos en la costa oscura. Las aves pican, comen, rasgan, sueltan palabras ingratas. Me siento a ver los colores del verano en invierno, cuando es más difícil verlos, pero es más grato que me sorprendan.
Sacamos las raíces de la tierra, para comerlas, para sentirlas. Devoramos, reciclamos. Veo la vida en la tierra, la veo ahí en la húmeda tierra pegajosa. Ella es nuestra dueña indiscutible, a ella volvemos, es nuestra verdadera madre. No hay más que mirarnos y saber que somos la mugre, y ella es la uña. Molestamos, herimos, somos.
Salgo de casa con libros, con páginas muertas, la inmortalidad está ahí en donde yo creo que vivir es posible y bello. Mi mundo tiene espejos, juzgan y mienten, muchas veces mienten. Mi mundo tiene pistas, soñadores y risas, mi mundo tiene amor y dolor. Hago oídos sordos a las campanas del domingo, porque no quiero influenciar-me de vagas distracciones vacías. Mi verdadera voz está en mi verdadero ser. Mi verdadero ser, está ahí en donde, en vida, no lo podré ver.

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