jueves, 25 de junio de 2015

Ideas Dibujadas

                                                             
Vivimos rodeados de historias, la ficción es como una parte de nuestro universo, es eso que nos entretiene, nos motiva y nos mantiene soñando. Pero la ficción no es solo entretenimiento, no tiene que serlo. La ficción es arte, mueve pasiones, transforma nuestro pensamiento, nos revela, nos inquieta, nos interna en mundos inmensos y profundos. La ficción puede enseñarnos, puede ayudarnos y puede conmovernos. La ficción siempre merece reconocimiento.
Me encuentro ante la ficción día tras día, pero no quiero hablar de ficción de películas conmovedoras, con hermosos mensajes que han marcado nuestra visión de la vida, ni tampoco quiero hablar de libros hermosos de autores de renombre, que han sido reconocidos ya y aceptados. No voy a defender lo que ya ha sido defendido, reconocido y debatido. No quiero premiar a aquellos con tantos premios, que algunos quedan llenos de polvo, escondidos y olvidados. Porque he oído un grito de auxilio, un pedido de reconocimiento urgente.
Muchas personas desvalorizan los dibujos animados, los desvalorizan ya de por sí sin tomarse ni diez minutos para categorizarlos. Los desvalorizan de tal manera, que ni se preocupan de que sus hijos los vean, sin siquiera tomar en cuenta el contenido que podrían tener. Dejan a los niños ante programas de los que no conocen nada, confiados de que ningún contenido inapropiado para ellos pudiese aparecer en la pantalla. Pero lo cierto, y muy equivocados están los padres, es que hay muchísimos contenidos que pueden ser, no solo aptos para los niños, sino también para adultos. Los dibujos animados poseen mensajes de valor incalculable, totalmente aptos y apreciables para la mente de un adulto. Muchos guiños y rompecabezas, laberintos que los dibujos animados presentan, suelen ser muy enredados para los niños. Tanto que algunos podrían no poder apreciarlos, porque algunos van en dirección a un adulto.
La forma, el que sea un dibujo animado, no es más que una manera opcional de representación, la idea puede tomar cualquier forma que decidamos darle. Un libro es una adaptación de la idea de un autor o varios, reformada, ordenada  y  materializada en palabras, para luego ser impresa en papel o de forma digital. Pero es la idea la que importa, es el mensaje, es el propósito que esta tiene. La forma es opcional y elegimos esa que nos sirve más para representarla. Podemos elegir el formato libro, pues quizás nuestra idea pueda plasmarse de mejor manera en letras, porque no vemos otra forma en la que esa idea pueda verse mejor y ser ella, y ser todo lo que ella representa. Quizás elijamos una película, actores reales, verdaderas voces, porque la idea necesita ser representada por colores, objetos y expresiones. La poesía, la música, incluso un ensayo, son opciones para representar ideas. Esas ideas son por sí solas, eso, ideas. Necesitan, para poder conectarse con el mundo, un vehículo, una manera de viajar a nosotros, para que podamos transmitirlas y no se guarden solo en nuestros recuerdos o caigan en el olvido. Aquel vehículo, aquella forma, debe poder manifestar esa idea en todo su esplendor y una de las opciones, totalmente válida, es elegir la animación o dibujos animados.
Los dibujos animados dan al autor total libertad de inventar y crear cuanto su mente le pida, no hay fronteras para la imaginación, no hay puertas cerradas. La facilidad de representación que dan, permite que cualquier cosa pueda existir, aparecer de la nada, tomar forma, volverse real. Hay dibujos animados para niños y para adultos y hay algunos que están en el medio. Es aquel limbo, en el que tanto niños como adultos pueden disfrutar de ver aquel programa, de leer un manga o un cómic, en el que yo veo la mayor riqueza de un dibujo animado. La veo allí en donde dos personas de diferentes edades pueden sentarse a ver un mismo programa y entender dos cosas totalmente distintas, pararse en dos universos diferentes y disfrutarlo plenamente, de dos formas que se rozan y aveces se conectan. Sentimientos de gran simpleza que el mundo adulto olvida, pero totalmente apreciables. El tesoro está ahí, la magia, el verdadero talento y es tan sutil, tan ligero. Universos tan amplios que los niños y los adultos pueden disfrutar, mensajes tan profundos que solo una mente despierta puede calcular su valor, y a la vez escenas de tal simpleza, que un niño puede disfrutar con total libertad e inocencia. Lograr un universo de tales características, crearlo, real o fantasía, que tenga tanto contenido, es algo que, si no merece reconocimiento, ya no sé qué pueda llegar a merecerlo. Porque me he permitido, yo, tantas veces, ver programas con niños y reírme con ellos, y disfrutarlos con ellos, parada desde un ángulo que ellos no comprendían o no podían apreciar de la misma manera que yo. Me han transmitido cosas de gran profundidad que aún un niño no contempla, y a la vez a ellos les han transmitido cosas que yo no he podido ver. Al mismo tiempo, los programas que de chica he disfrutado hoy me dan otra alegría y les comprendo otros sentidos, porque la mirada cambia, pero el programa tiene multiplicidad de sentidos: es inagotable.
¿Se puede llorar con un dibujo animado a los veinte años? ¿Qué limitación tiene un dibujo animado ante una película interpretada por actores reales? Pues, lo cierto es que ninguna. Seguir una historia, encariñarte con un personaje, verlo sufrir, atravesar retos, superar miedos, verlo presenciar la muerte de quien ama, verlo perder el amor y crecer como ser, es posible en la ficción sin importar si es dibujado, si es actuado, o si es leído.
Cuando Steven Universe ve por primera vez a su madre en un viejo video, ya que ella falleció para darle la vida, y la ve feliz, embarazada y hablando de él, diciendo que él era lo más maravilloso que existía en el mundo, él llora, llora lágrimas reales y yo, yo las lloré con él. No solo porque la escena fuese conmovedora, sino porque seguí su camino, sus pasos, su dolor, el dolor de nunca poder verla, no saber nada ella, la culpa por ser la causa de su muerte y la imposibilidad de saber qué pensaba ella de él. Yo sentí todo eso, sentí que su culpa se esfumaba por ese leve momento, por ese video, en el que él entendía que ella era consiente, que le dio la vida sabiendo que eso le costaría la de ella, que él le importaba más que nada en el mundo. ¿Podría liberar tantas emociones y sentimientos viendo Steven Universe a los seis años? ¿Podría comprender el dolor de Steven por no poder ver a su madre jamás mientras vive rodeado de personas que la conocieron y la amaron? 
En una entrevista hecha a Rebecca Sugar, creadora de Steven Universe y de parte de muchos episodios de Hora de Aventura, ella misma comentaba de la complejidad de su programa, del universo y de los valores que intentaba transmitir. Para Rebecca, Steven Universe es una historia que trata de madurez, pasar de ser niño a ser adulto. Tener que madurar antes de tiempo y convertirse en lo que ella llama “un adulto en miniatura”. Pero también trata de aprendizaje, crecimiento y, para Rebecca, un cambio en la visión de los dibujos animados. Un cambio en esa visión del héroe que todo lo puede, que no necesita ayuda, que todo sabe y todo le sale bien.

"(..) Mientras Steven aprender cosas, la audiencia las aprende con él. Y así podemos seguir expandiendo este mundo, pero nunca es pequeño, siempre es grande, él simplemente está aprendiendo sobre él mismo, contigo. El mundo es como es por una razón, y Steven está aprendiendo eso. Desplazarnos de esta especie de universo egocéntrico en el que vivimos, en el que todo y todas las cosas es están haciendo por ti...al ver que no es exactamente así"

Este concepto de humanizar a los dibujos animados, volverlos no muy diferentes a nosotros, esta suerte de realismo, nos acerca más a ellos y nos hace sentir más conectados con sus emociones. Provocan empatía de tal forma que los comprendemos, nos sentimos mal por ellos y nos preocupamos, a pesar de que sean personajes ficticios.
Ya a finales de los setenta, Hayao Miyazaki, director japonés, aparecía en la historia cambiando el concepto de los dibujos animados. Ganador de múltiples premios, entre ellos dos premios Óscar. Si bien en la cultura japonesa los dibujos animados tienen un importante valor, Miyazaki llevaría esa cultura al mundo y se haría conocido por múltiples obras. Actualmente, en el Centro Cultural San Martin, en la Ciudad de Buenos Aires,  hasta el 28 de junio, se transmite “Se levanta el viento”, película animada de Miyazaki. Esto le daría al director un lugar en la cultura que merece ser apreciado, reconocido y valorado como tal, una pieza importante en la historia. Pero también se lo daría a los dibujos animados, sacándolos a la luz, listos para ser examinados con atención y para ser reconocidos como cultura. Les daría a los dibujos animados la oportunidad de defenderse, de cubrirse con una armadura, de romper esquemas y pensamientos que los limitan. De poder probar que tienen poder, que pueden ser más, siempre pueden ser más.
Ver dibujos animados no significa no madurar, ni tampoco significa no poder apreciar otras cosas, como buenos libros. Ver dibujos animados de adulto, significa verlos de otra manera, verlos más allá de lo que puedan decirnos en un capítulo o dos. Pero los dibujos animados tampoco son para cualquiera, porque piden un cierto grado de tolerancia al absurdo, a los contenidos infantiles, a las cursilerías y los buenos valores. Encuentro mucho dolor, desesperación, tristeza y muchos otros sentimientos en estos programas, que me conmueven al punto de sentirme quebrada por dentro, como si hubiera huecos que no pudiera llenar jamás. Porque al ver a alguien sacrificar su felicidad por la de otro, o incluso su vida, no interesa que esté personificado por un dibujo animado y eso es simplemente bello. Pero también encuentro felicidad, comicidad y hermosas historias, mezcladas con los problemas, que hay que tolerar. Hay que tolerar esas cosas absurdas, ese encanto infantil de los dibujos animados, que al fin y al cabo se dirigen también a un público joven, a niños. Sin embargo, si podemos apreciar todo en un conjunto y ver la magia que se genera al combinar tanta humanidad con lo infantil, podemos sentirnos maravillados ante todo esto. La dificultad que existe en crear algo tan equilibrado, que se mantenga en el limbo entre lo adulto y lo infantil, sin tocar completamente ninguno de los lados, es simplemente maravilloso. Ya sea que los dibujos animados sean o no de nuestro agrado, hay un mérito que merece ser reconocido.
Muchas personas adultas en el mundo ya han reconocido las maravillas que albergan los dibujos animados. Han visto en Hora de Aventura a la Dulce Princesa admitir tener un fetiche de lamer sobre ajenos, o la compleja historia de Marceline y su amor a quien salvó su vida, a costa de su humanidad. Lo cierto es que la complejidad de estos universos es tan basta, que analizarla por completo sería algo que no podría hacer. Y si yo no podría hacerlo, creo que un niño tampoco.
Es por esto y por todo lo que representan los dibujos animados en mi vida, que los considero tan importantes y merecedores de todos los homenajes que se les rinden día tras día. 

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