miércoles, 13 de mayo de 2015
Mi camino hacia la paz.
Mi camino hacia la Paz.
No se pierde nada hasta que pierdes un amigo, hasta que el amor se marchita, hasta que te decepciona tu propio corazón, hasta que se parte tu fe, hasta que pierdes esperanza en el mundo, hasta que ya no crees ni en vos mismo.
Perder la fe en uno mismo es algo difícil de levantar, y llevo años intentando combatir ese sentimiento desde adentro. Quizás me cuesta admitirlo, decirlo, y hacerlo público porque siempre parezco feliz, risueña, llena de ideas, esperanzas. En el fondo eso soy, soy alegre, pero no puedo dejar que mi luz me ilumine a mi como ilumina al resto, porque en el fondo estoy podrida. Intento ser inventiva, ingeniosa, y activa, porque sé que ese es mi ser, pero mi problema, y la razón por la que dejo todo a la mitad, es que hace mucho, muchísimo tiempo, yo perdí la fe en mi misma.
¿Cómo llegué a sentirme inútil, sabiendo que soy capaz de muchas cosas? En realidad, desde que tengo memoria nadie creyó en mí para nada, en mi casa siquiera pensaban que fuera capaz de terminar la escuela secundaria, muy a pesar de los dieces que tuviera, siempre me vieron como una drogadicta, fracasada y sin futuro. Nunca notaron, ni yo tampoco, que todas esas energías negativas que me enviaban, y de formas muy agresivas a veces, podían dañar mi autoestima, como niña y mis ganas de seguir progresando o aprendiendo cosas. Pueden decir que exagero, pero analizándome a mi misma, creo que es una de las cosas que me afectan aunque no me dé cuenta. Todos los años de infancia y de adolescencia, en los que se me negó cualquier cosa que quisiera hacer y se me trató de inútil, mis talentos no fueron explotados, mis talentos fueron desestimados. Nunca nadie tuvo fe en mí, y aunque yo creyera en mí, eso se fue apagando. Aunque yo no lo quisiera admitir, el entorno en el que uno crece, sí afecta a futuro.
Viví soledad, abandono y decepción. Fui perdiendo la fe en las personas cuando veía sus lados oscuros, cuando notaba que confiaba en alguien plenamente y ese alguien se reía de mí. No tuve una familia que me contuviera y sin embargo hice todo lo posible por seguir. Los ignoré, busqué mi camino, y con mucho trabajo y esfuerzo, y a costa de mi niñez, yo terminé la escuela y empecé la universidad. Hice todo esto como cosa normal, obligatoria, necesaria y no notaba que en realidad lo que yo vivía y hacía, no era normal en la vida de una chica de 16, 17, 18. Mientras mis amigas ahorraban para comprarse tal cosa, yo estaba pensando en ahorrar para poder ir a la escuela, para comer, y para poder vivir una vida normal en lo que se pudiera. Todo eso me fue muy difícil, porque si me permitía deprimirme y ser débil, todo se me iba de las manos, y podía perder todo. Así que, a costa de ser niña, yo me convertí en una adulta, desprolija, desorganizada, y sin darme cuenta, estaba acumulando rencores, odios, y broncas. Estaba dejando de ser yo, de desearle el bien a todos, de creer en todos. Pensé que estaba bien, que era parte de crecer, el dejar de ser "inocente". Pero entonces me di cuenta, que los cambios eran más graves que eso, yo estaba empezando a ser envidiosa, a odiar, y a, incluso, desearle el mal a personas que yo quería. Las cosas me salían tan mal, que quería que todos sufrieran lo que yo. Cuando me di cuenta de eso, de que me estaba convirtiendo en algo que no era, recuerdo que escribí algo como esto, y decidí no dejar que pase más. Necesitaba alejar todos esos pensamientos negativos de mí, y hacer todo lo posible para alcanzar la felicidad que tenían los otros.
No podía ocuparme de cosas simples como amar, como divertirme, como ser joven. Dejé de lado a la persona que amaba más que nadie, me obligue a olvidar, no tenía tiempo para tener un tierno amor adolescente. Todo eso pasó a segundo plano, me hice un nudo y decidí que lo más importante era pasar esos desafíos. Y los pasé.
Jamás le dije a absolutamente nadie como me sentía: Abandonada, triste, cansada. Tenía mucho estrés, y no lo podía contener. Pasé todo un año con una horrible depresión, sino fuera por Ivan, que es un santo y me ama muchísimo, no sé que hubiera hecho de mi vida en ese año, qué hubiera pasado. Había perdido las fuerzas para seguir peleando por mí y no me importaba nada, nada en el mundo valía la pena para que yo me levante de esa cama, para que salga a la calle. Solo quería dejar de existir, no veía razones para seguir viviendo, todo estaba mal en mí. Había perdido todo, no me quedaba nada, y a la vez no notaba que estaba rodeada de una gran riqueza dentro mío, y a mi lado. El amor fue un gran enemigo toda mi vida, y haber fracasado tanto en ese campo, me desmotivaba a seguir creyendo en que existía. Pero también lo superé, porque si yo podía amar fuertemente, entonces debían existir otros que también pudieran.
Soy depresiva. Algunos lo saben, otros ni se lo imaginan, porque trato de ser tan alegre todo el tiempo, que es difícil imaginarme estando horas bajo la ducha, camuflando mis lágrimas con el agua. Cosa que hago muy seguido.
No es mi intención darle lástima a nadie, sino volver a compartir como voy a vencer otra depresión. En cualquier campo, si hago feliz a otro, yo siento que esa es la mayor retribución que una persona puede obtener. Soy cursi y tonta en todos los sentidos que esas palabras puedan tener, pero mi blando corazón me lo pide, y no puedo seguir ignorando eso. No puedo seguir en la cama hasta las doce del mediodía, con el desempleo agarrándome los pies, con las ganas de vivir guardadas en un cajón, y con tan poca fe en mí. No quiero seguir pensando en que no puedo triunfar, en que no puedo hacer nada bien. Soy torpe, pero eso no me hace inútil, soy molesta, pero eso no me hace detestable. Solo necesito alejarme de esas personas que no quieren tener fe en mí, que no quieren confiar y que me bajan el autoestima, me hieren y se burlan. Porque sinceramente, nadie comprende, y no los culpo porque en realidad no lo saben, que mi autoestima está muy deteriorado, y muy sensible todo el tiempo. Actualmente, en mi vida, después de toda la humillación que viví, no necesito alguien que siga haciéndome sentir inferior, por más que le tenga cariño, por más que seamos amigos. Eventualmente me doy cuenta que las amistades las creo yo sola en mi cabeza, el cariño y las uniones son cosas mías y totalmente imaginarias, si yo las creo también puedo olvidarlas. Tengo demasiado fe en las personas, y cada día siento que esa fe me lástima más.
Si bien estoy preparada para el fracaso, voy a tomar este proyecto con una gran esperanza, y quizás, con suerte, yo logre alejarme de todo lo negativo que me rodea. Tengo pocos recursos, tengo mucho trabajo por delante, pero no estoy sola esta vez y sé que puedo hacerlo, porque me gusta y me ilusiona. Me cuesta mucho creer en mí, pero estoy haciendo un gran, gran esfuerzo, por no abandonarme. Para mí esto es muy importante, aunque para algunos parezca tonto, a mí eso no me importa. Yo estoy dando un gran paso, en lo personal, al pensar que soy capaz de lograr que las cosas me funcionen.
Voy a cocinar mucho, voy a dibujar, voy a cocer y voy a escribir. Quiero mejorar, quiero madurar, pero quiero seguir siendo yo, no quiero que lo negativo del mundo me convierta en un ser más oscuro, porque eso no es madurar. Dejar de ser niño no es madurar, es resignarse a que si el mundo es oscuro, uno tiene que ser como el mundo. Pero uno tiene que ser como uno es, y no como el mundo es o quiere que seas. Soy yo, soy Ro, tengo veinte años, estudio Letras, y me voy a proponerme cocinarle al mundo, que eso amo y sé hacer, y si no me funciona, entonces voy a obligarlo a funcionar. Porque igual voy a dejar este mundo un día, y cuando pase pasará, y yo voy a estar lista.
Las personas que se esfuerzan, merecen ser felices, y cuando uno sabe que se merece algo, lo hace con más fuerza. Y yo sé que me merezco lograrlo.
Me gustaría poder llenarme de energía y poder esparcirla, contagiarla, y así mi corazón pueda sentirse lleno y grande, como sé que es <3
La desgracia hace a la cursilería grande.
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