martes, 12 de mayo de 2015

Maggie 2

Viví en un sueño en donde yo era algo. Desperté sintiendo vergüenza de soñar. Desayuné vodka y lágrimas con una mezcla de dolores de cabeza y mentiras de la noche anterior. Entre los abrazos falsos, los "te amo" forzados y el mal sexo por lástima, me di cuenta que no soy más que Maggie, la ebria y linda Maggie.
Me había vuelto la luz, volví a trabajar después de decidir que no todo es fútil si hay esperanza, o alguna mentira semejante. No me lo creía en el fondo, pero me servía para tomarme un café a la mañana, y tener para pagar luz y cigarros. Seguí escribiendo un par de capítulos, algunos muy buenos. Me sorprendí de lo que puedo escribir cuando estoy hundida en desgracia.
Seguí pensando en él esa mañana, le escribí algo lleno de odio y rencor, mientras me odiaba de a poco por decidir que eso valía la pena.
Una ducha, me hacía falta una ducha. Bajo el agua, sin ropa, me sentía menos desnuda que estando frente a él. Sabía todo de mí y entendía todo lo que quería, usaba ese saber para hacerme sentir miserable y sin embargo seguía yendo a ese hotel cada viernes, desde hacia seis meses. Dejaba que él me convenza de que yo era importante en su vida, y algunas mentiras más. Luego, en la semana, como siempre, no no hablábamos nunca. Él seguía viviendo con su mujer, a pesar de prometerme el divorcio cada viernes. No quería que le escriba porque se sentía incómodo de hablar conmigo frente a ella, o con sus hijos cerca.
¿Qué soy? Una mujer de veinticuatro años con un trabajo promedio, con una carrera a la mitad y pocos ganas de seguirla, cigarros mal apagados en un cuarto que huele a café, humedad y des afortunadamente no a marihuana porque no la puedo pagar. Mi madre me escribe de vez en cuando, me llama de vez en nunca y me ve de vez en jamás. Mi hermana se casó con un tipo que le compró un auto, le hizo dos hijos rubios y tiene el pelo divino. Todos viven en Europa, y ni siquiera sé en donde. No me importa, la hipocresía me asquea.
A veces creo que vivir con tanto odio me hace mal, luego noto que no tengo opción. Debería dejar de verlo y ya, no me hace bien. Me convierto en su muñequita y al final, ya creo que soy yo la que lo busca, y para salir perdiendo. Creo que estoy perdiendo la pésima relación que tengo, y por algún motivo eso me deprime. Debería alegrarme, pero no lo hago, porque soy mujer, una mujer estúpida.
Soy menopausia, soy dolor, soy bronca y soy odio. Estoy abandonada, estoy abatida, estoy transformada.
Un mensaje de mamá: "Tu hermana está embarazada, saludos Maggie ¿Ya andas con alguien?"
 No, no ando con nadie. Pero para mi mala suerte, estoy embarazada.

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