martes, 12 de mayo de 2015

Adios, Nikea. (3)

¿Hace cuanto que no veo a Nikea? La perdí en un colectivo, cuando sacaba el boleto ella se bajaba por atrás. Escapó de mí, cuando íbamos al cine, sin decir nada más. No entendía nada, solo me quedé sentado en un banco, y dejé que la hombría se me fuera en forma de lágrimas saladas. Estaba decepcionado, herido, enojado. Entendí que Nikea era inestable una vez más, y que no tenía sentido seguirla buscando, su vida estaba destinada a ser un fracaso. 
Pero me confundió, si habíamos estado un par de días juntos desde que la saqué de ese asqueroso bar. No entendí por que me dio esa sonrisa lavada aquella noche, o aquellas lágrimas en el auto. No entendí por que me dejó llevarla a caminar por la plaza, o por que me enseñó a su gata Nani. Después de aquel beso furtivo en una esquina del centro, subimos al colectivo, y mientras saco el boleto, se va para no volver. 
Así es Nikea, supongo. Sus labios los sentí nerviosos como cuando niños. Había viajado tanto buscándola, no podía dejar de pensar en ella. Pero ella no me quería, al final, todo había sido para nada. Nikea era una mujer complicada, siempre lo había sido. Pero ¿Qué iba a hacer? Sin trabajo y sin dinero, sin nadie que la cuide. Nikea estaba sola, y para peor, no tenía ni a su gata. Nani estaba ahora conmigo, en mi casa. Nikea me contó que le gustaba el pescado así que le empecé a dar. Llora cada noche, la extraña como yo lo hago. 
Mi casa es enorme, y se siente vacía sin ella. Extraño despertarme y ver su pelo anaranjado. Irme a trabajar, diciendo "Adiós, Nikea"

No hay comentarios:

Publicar un comentario