Pero me confundió, si habíamos estado un par de días juntos desde que la saqué de ese asqueroso bar. No entendí por que me dio esa sonrisa lavada aquella noche, o aquellas lágrimas en el auto. No entendí por que me dejó llevarla a caminar por la plaza, o por que me enseñó a su gata Nani. Después de aquel beso furtivo en una esquina del centro, subimos al colectivo, y mientras saco el boleto, se va para no volver.
Así es Nikea, supongo. Sus labios los sentí nerviosos como cuando niños. Había viajado tanto buscándola, no podía dejar de pensar en ella. Pero ella no me quería, al final, todo había sido para nada. Nikea era una mujer complicada, siempre lo había sido. Pero ¿Qué iba a hacer? Sin trabajo y sin dinero, sin nadie que la cuide. Nikea estaba sola, y para peor, no tenía ni a su gata. Nani estaba ahora conmigo, en mi casa. Nikea me contó que le gustaba el pescado así que le empecé a dar. Llora cada noche, la extraña como yo lo hago.
Mi casa es enorme, y se siente vacía sin ella. Extraño despertarme y ver su pelo anaranjado. Irme a trabajar, diciendo "Adiós, Nikea"
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