Me cuesta darme cuenta que a él no le importo, que soy solo un pétalo más en una rosa demasiado grande, que a su vez está dentro de un increíble vivero con cientos de flores de diferentes tipos. Me siento obligada a sentirme poca cosa.
Rodeada de extraños, y de deudas, de cigarros mal apagados, deseando que la alfombra se incendie, que me deje en huesos regada sobre la escalera, decidí salir a la calle. Me daba miedo ver tantas personas mirándome, me sentía desnuda. Todos verían mi rostro entristecido, todos me preguntarán por que hablo con la voz tan nerviosa. Es preferible quedarme en el departamento, pedir comida por teléfono y seguir trabajando en esa novela que parece no tener fin.
Dormí entre sábanas sucias, entre platos sin lavar y botellas vacías. Pensaba en él y me odiaba por eso, soñaba con él y quería arrancarme el cerebro. Lo odiaba por hacerme sentir tan estúpida, porque me hacía feliz, y porque me hacía infeliz. Incluso cuando decía su nombre me daba asco.
Prendí unas velas, no tenía luz por no pagar, me quedé en silencio hasta que me puse a llorar como una fracasada. Quería que me tragara la tierra. Tomé un lápiz y empecé a dibujar una sirena, para variar.
Cuando salió el sol, yo estaba desnuda y envuelta en toallas mojadas, hacía calor. Fuí hacia la ducha, me vi al espejo y sentí deseos de romperlo. Mis duchas podía ser muy cortas o muy largas, entre 5 y 45 minutos. Me la paso pensando sobre el significado de la vida, la muerte y el por qué no puedo ser amada. Finalmente termino deseando que se caiga el techo y me aplaste.
Algunos me conocen en internet por "la mujer pateada", escribo en una página de suicidas en donde contamos lo más horrible de nuestra vida. Ahí yo cuento sobre él y las cosas que me hace, como juega conmigo. Todos me dicen que soy linda, y cosas así, siempre hay uno que entra a esos sitios para ligar. Al final el mundo está rodeado de aprovechadores, en busca de personas débiles.
Ahora no puedo ni escribir, tengo que ir a lavar, a hacer algo. Estoy demasiado abatida. Las huellas de mi lapso adolescente me marcan demasiado, y solo quiero dormir y despertar tiempo atrás.
Quiero viajar tiempo atrás.
Mi nombre es Maggie, tengo 24 años, tengo sueños de plumas y quiero viajar tiempo atrás.
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