Encontré un dinosaurio, es de plástico y está roto. Cuando era chica me gustaba mucho, de hecho, lo amaba. Dormía con él, y lo abrasaba, casi como si fuéramos marido y mujer. Me casé con el dinosaurio a los ocho, tuvimos una boda sencilla en las islas naranjas. Tenía un vestido de seda, blanco y lindo, con un velo color verde manzana. De comer se sirvieron cereales con leche, trozos de banana y una manzana con caramelo que ya tenía una mordida, Bailamos como veinte minutos la canción que sonaba de mi cajita musical. Lo mejor fue la noche de bodas, nos dimos unos besos, y entonces me di cuenta que no éramos compatibles.
El dinosaurio está roto, cuando nos divorciamos se lo di a mi perro, Chucky, y éste lo destrozó cuanto pudo. Con mi ex marido muerto, era libre para hacer lo que quisiera, como casarme con un monito de peluche. Sin embargo, al parecer mi marido no había muerto, solo estaba en coma. Los años lo han endurecido, han pasado diez, y está lleno de cicatrices. Lo lavé con cariño, recordando los besos de la noche, la boda y el baile. Lo dejé brillante y respetable, pues todas esas cicatrices y golpes lo hacían ver temible.
Lo dejé en la repisa, con otros ex. Le di un besito antes de irme a dormir, no hay que olvidar las tiernas cosas de la infancia. Sin embargo, a pesar de que llevo ya cuatro años de casada, y que todo mi pasado es solo mi pasado, el monito de peluche se sigue poniendo celoso del dinosaurio.
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